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Son 30000, un 24 sembrando futuro

Las movilizaciones de los 24 de marzo en repudio al golpe, la dictadura y el genocidio han significado y expresado momentos claves y distintos en la lucha de los derechos humanos de nuestro país.

En 1996 a los 20 años de la instauración de la dictadura la movilización mostró un cambio en la sociedad que se había ido acumulando en duros años contra las leyes de punto final, de obediencia debida y luego los indultos menemistas. No solo era el salto en la cantidad de gente que participo en aquella marcha, sino lo que expresaba. Era derrotada la visión tanto la visión hegemónica de la teoría de los dos demonios, sino que la memoria y la lucha por la justicia, por el castigo de los responsables era una cuestión exclusiva de los damnificados directos, de los familiares de los detenidos-desaparecidos, se comenzaba a asumir que una democracia que no deserte de sus valores se construye sobre la base de la justicia, y de desentrañar como sociedad las responsabilidades civiles y militares.

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Fue en los años del Kirchnerismo que el Estado expresó en sus decisiones y en el respaldo a los juicios tanto de los militares genocidas como a sus comandantes del poder económico.  Del Estado desertor y proclive a la amnistía en sus distintas maneras, las movilizaciones expresan una alianza entre las grandes mayorías, tanto oficialistas como opositoras con una parte importante del Estado para garantizar un umbral común frente al genocidio. La memoria amplía su círculo de quienes recuerdan y reclaman justicia. Y se logra aislar a los que proponían la defensa de los represores, o los promotores de una reconciliación basado en el olvido y la impunidad. Este 24 de marzo, ocurre en medio de un crecimiento de la resistencia a los programas de ajuste, de despidos, de perdida de salario real, de desregulación de la economía, de apertura dañina de la economía para la producción nacional, con un endeudamiento externo masivo. La masividad, las consignas, la combatividad de las columnas, la presencia de miles de agrupaciones que reformatean la organización popular y las formas de participación política y social, son parte clave para entenderlo como un momento clave en la recuperación de nuestro pueblo frente a un gobierno que ejerce su mandato en favor del 1% y en contra del 80%.

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El negacionismo del genocidio por parte del Presidente y sus funcionarios, el debilitamiento o desmantelamiento de las políticas de derechos humanos, los ataques a los defensores de los ddhh, son parte de un programa -no dicho, ocultado- pero explícito en las actitudes. En el mejor de los casos plantean un Estado imparcial frente a los hechos ocurridos, y que es la Justicia la que debe determinar. Como si un Estado democrático pudiera desentenderse de la quiebra del orden constitucional, de la existencia de un plan genocida, de los compañeros detenidos-desaparecidos, de las practicas aberrantes de tortura y asesinato. Un Estado “imparcial”, es un Estado complice. Y en el peor de los casos la derecha en el gobierno y el poder real promueven la idea de desandar el camino de la política de verdad y justicia, de no permitir el juzgamiento de los responsables del poder económico en el golpe, en el respaldo a la dictadura, en llevar un programa neoliberal -bastante parecido al actual- sobre la base de quebrar la resistencia y oposición popular sobre la base del terror estatal.

La respuesta popular fue masiva nuevamente, miles y miles de personas, grupos, organizaciones, colectivos desbordaron la Plaza de Mayo y sus adyacencias. A contrario de los quieren marcar los medios hegemónicos, el grado de unidad expresado, de búsqueda de una integración del campo del pueblo fue lo que domino la demostración masiva. No es como ellos quieren Estela o Hebe. Quienes recorrimos la movilización sabemos que allí se expresó con fuerza contundente es el amor, el respeto, y una posición política:  Estela y Hebe. Ellos quieren situar que el contenido contra el gobierno, contra el creciente autoritarismo, contra el plan económico y la pérdida de derechos en una expresión de un Kirchnerismo combativo. Más allá de la participación activa de las fuerzas que respaldan a la ex Presidente la operación política-mediática es para que no se vea el crecimiento del repudio social, se haya votado a quien se haya votado, a la política oficialista. Para ocultar la deslegitimación creciente de la alianza de gobierno en la sociedad.

El gobierno podrá hacer como que no escucha, tratar de difundir la idea que después de cada movilización, después de cada paro, nada ocurre, y que ellos siguen su programa como si nada ocurriera. Pero esto es falso. Es solo un intento comunicacional de que las fuerzas sociales opositoras se desanimen, o que una parte de la sociedad desilusionado del gobierno no se plegue al reclamo activo. Cualquiera puede ver que las demostraciones callejeras crecientes traen un costo altísimo al gobierno, y que, si no cambia sus planes o los frena, la respuesta seguirá creciendo y sufrirán una derrota electoral este año que cambiar el escenario político, tanto para ellos como para la “oposición” colaboracionista.

Marzo tuvo días duros, de mucho esfuerzo popular, pero está floreciendo el futuro.

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Fuente: Alejandro Mosquera/La Barraca

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