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¿Qué festejan?

Después de ver la "foto" y las imágenes televisadas de la inauguración de la exposición en la rural de Palermo, donde el clima festivo del presidente y sus acólitos reinaba, uno se pregunta: ¿qué cosas festejan?

Por: Martín Olavarria

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Qué festejan, si las economías regionales están en su más profunda crisis, ya conocemos la realidad con los fruticultores del valle tirando fruta en la ruta mientras algunas cadenas de supermercados están importando manzanas de Chile.

… Festejan con los productores de vid sin mercado para sus vinos, sólo las grandes bodegas (que pertenecen a los grandes grupos de inversión) pueden mantener sus niveles, pero la tendencia es absolutamente a la baja, en gran parte por la estrepitosa caída del mercado interno generada por la devaluación, el tarifazo y la no adecuación de los salarios.

… Festejan con el cierre de plantas envasadoras de tomates, mientras también en este caso las cadenas supermercados, del secretario de Comercio de la Nación, importan tomates envasados de Italia.

… Festejan con la producción lechera en bancarrota, festejan el cierre de cientos de tambos por mes, a lo que se agrega una profunda crisis en Sancor y en la caída del mercado interno que complica muchísimo más la realidad… el presidente se llena la boca hablando de ser el “supermercado del mundo”… resulta que nuestros principales clientes de lácteos son los países del Mercosur (fundamentalmente Brasil, Paraguay, Venezuela y Bolivia), más algo a Chile y algunos países de África… todos a la baja y tremendamente despreciados por la actual política exterior.

Siguiendo con la lista de las cosas que nos parece raro que festejen, está la crisis del sector porcino, con costos mucho más altos gracias a la quita de retenciones al maíz, con el mercado interno en caída profunda y con la novedad de la importación de carne porcina de Brasil y Dinamarca. Lo mismo ocurre con los productores avícolas donde el cierre de granjas ya es epidemia con costos que superan largamente las posibilidades de ser trasladados al precio.

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Y como si todo esto fuera poco le debemos agregar profunda caída de la producción de maquinas agrícolas, crisis que además se profundiza por la extranjerización de este mercado en detrimento de las industrias nacionales. Este es un sector en donde la Argentina fue altamente competitiva y que sufre una tremenda caída de las ventas. En tractores y cosechadoras, ya es un hecho la desaparición de la producción nacional y en los otros rubros la caída de las ventas presupone el final para muchas empresas.

Estas industrias dan trabajo en forma directa a más de 40.000 empleados y otros 100.000 en forma indirecta y la gran mayoría está radicada en poblaciones de las provincias de Santa Fe, Córdoba y en el norte de la provincia de Buenos Aires.

Está clarísimo que no festejan la situación de los pobladores del monte santiagueño, ni los pueblos originarios del Chaco o la Patagonia… tampoco festejan los productores de los valles calchaquíes ni los mensú yerbateros ni nadie que produzca cosas que consumimos los argentinos.

Estas pestes tienen en común el ataque a actividades que son generadoras de mano de obra y que necesitan de un mercado interno para funcionar y que no por casualidad se desarrollan en gobiernos que pretenden defender derechos y favorecer a los más desprotegidos.

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Ahora, la pregunta que se impone… ¿esto es fruto de errores, de malas praxis o de contingencias externas?

Para nada… es el efecto deseado, y no desde la cabeza de este gobierno sino desde las ideas de las grandes empresas del sector, las mismas y los mismos que por los setenta, en pleno laboratorio neoliberal, definieron la división internacional del trabajo que condenaban a países como Argentina a ser productora de productos primarios y materias primas.

Nos han venido contando la historia de la revolución verde y de la rotura de los paradigmas productivos, de la tecnología puesta al servicio del crecimiento, de la potencialidad de nuestras condiciones naturales, etc., pero lo concreto es que los beneficios de estos aumentos de la producción benefician fundamentalmente a los que manejan grandes escalas y que no verían con malos ojos la desaparición de miles de pequeños productores.

Las tierras de la zona núcleo están demasiado fragmentadas para la economía de escala que pretenden, es necesario que los pequeños productores dejen la actividad para poder aumentar la concentración por vía de la compra o simplemente por apropiación de la renta de esas tierras, manejando las actividades desde la concentración de las variables tecnológicas. Hoy el pequeño productor que hace agricultura intensiva no maneja la rentabilidad de su negocio, él solo pone el trabajo y la propiedad de la tierra, el resto lo manejan los dueños de la tecnología, que el productor cree adquirir cuando compra los insumos, pero desagregando los márgenes de utilidad, los que verdaderamente ganan son los proveedores de estos insumos, que no por casualidad están asociados a los exportadores de granos cuando no son ellos mismos.

Durante siglos, la propiedad de la tierra definía los patrones de acumulación, hoy quienes manejan las variables tecnológicas son los que los definen. Así como antaño la propiedad de la tierra era el más sagrado de los derechos, poner límites a estos manejos y sobre todo a sus ganancias extraordinarias es a lo que estos sectores no están dispuestos.

Por otro lado, las áreas marginales que son utilizadas, tienen menores rindes y mayores costos de flete… en años de precios internacionales bajos, dejan de ser negocio. Estas áreas marginales son también fuente de conflictos sociales y ambientales, por lo que no les gusta demasiado producir en ellas y a donde han tenido que llevar la ganadería para poder utilizar sus campos de zona núcleo para granos. Y cuando decimos granos estamos hablando casi con exclusividad de soja.

Estos mismos sectores son los que cuando hablan de industria solo ven como factible para nosotros el procesamiento de esos granos de soja, y nos hablan también de procesar la cosecha de todo el Paraguay… los mismos que quieren e impulsan la hidrovía Paraná-Paraguay (que ni locos piensan financiar, porque eso lo deben hacer los estados a costa de los ciudadanos), que uniría puertos fluviales desde el Mato Groso, pasando por la zona sojera boliviana de Santa Cruz de la Sierra y llegando al Río de la Plata… las industrias de las que hablan son muy poco intensivas en mano de obra y les ahorrarían millones de dólares al transportar la materia prima pre elaborada, por esto también necesitan bajar los salarios para aumentar esto… La hidrovía traería desastres ambientales nunca vistos… pero a ellos qué les importa, si no viven allí.

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Ninguno de los grandes negocios del momento necesitan cerdos, ni pollos, ni vacas lecheras, ni frutales, ni hortalizas, ni nada de eso. Además, los que producen eso tienen la costumbre perversa de quejarse por las aplicaciones de químicos sobre los cultivos de soja que derivan hacia tambos, poblados, criaderos y otras explotaciones… Para ellos “la mesa de los argentinos” era una nefasta muletilla de un gobierno populista que hizo todo mal… o sea que si te dan los ingresos para comer, bien; y si no te dan…no es problema de ellos.

Cuando hablan de “los sectores más dinámicos de la economía”, como lo hace a menudo el ministro Aguad, no hablan de los satélites ni de las tecnologías de punta… hablan de esta revolución verde que transforma miles de hectáreas productivas en un desierto verde donde no vive otra cosa que la soja… revolución verde que va dejando excedentes de agua acumulada en las napas que terminan inundando poblados… revolución verde que requiere de una persona ocupada por cada 1000 hectáreas de soja y cincuenta personas para la molienda de 8000 toneladas por día… revolución verde que transporta por nuestras rutas 100 millones de toneladas de granos que destruyen las rutas que pagamos entre todos… revolución verde que ha elevado los niveles de cáncer en las regiones productivas a cifras alarmantes…

Tampoco ellos necesitan una industria de las maquinas agrícolas, ¿para qué? En Brasil la escala de producción es mayor, los sueldos son más bajos y la calidad no es tan mala. Además, las cuatro multinacionales del sector pueden financiar sus desarrollos y su crecimiento con más facilidad que las empresas nacionales… en los casos en que esta maquinaría no sea de la calidad requerida, la traemos de Alemania con créditos baratos subsidiados por el estado nacional. Porque está claro que en estos países el gran inversor es el ciudadano común… siempre hay para esto sectores algún recurso de ayuda. Esto funciona también con un elemento que define la brecha tecnológica.

No hay forma de hacer un país justo y soberano acordando con ellos, por eso la confrontación va a ser permanente con estos sectores que festejaban en la rural, a los que les da lo mismo festejar con Macri que con cualquiera que diga lo que ellos quieren oír.

INTA – Sistema de Informacion Clima y Agua

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