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“Vivas nos queremos y marchamos” Por Paula Rossi

A un año de la marcha #NiUnaMenos, es un buen momento para hacer un análisis de lo conquistado y de lo que aún falta. Mañana las mujeres volvemos a salir a las calles en contra de la violencia de género y para alzar la voz por nuestros derechos bajo el lema #VivasNosQueremos.

Un año pasó desde aquel #NiUnaMenos histórico en el que miles de mujeres (y algunos hombres) del país, independientemente de las diferencias contextuales e ideales, marcharon para pedir lo que el mismo lema de la convocatoria transmitía explícita e implícitamente.

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Cortar el tiempo en períodos garantiza la posibilidad de realizar un análisis más profundo de los hechos sucedidos en cada etapa, para así destacar los momentos que hicieron eco – a los que no se los comió el eco-. La fragmentación promueve una mayor facilidad para encolumnar en el debe y en el haber. De todas maneras, hablar de cortes o fragmentaciones es solo en un sentido simbólico y no tiene nada que ver con la idea de romper con lo que venía sucediendo. Al contrario. Lo interesante del análisis es evaluar cada parte que en la línea histórica se traza indisolublemente del proceso que le da origen y sustento; la dialéctica en donde surge una tesis, una antítesis que la cuestiona y una síntesis que vuelve a ser tesis para entablar ese espiral eterno que es la historia misma. La etapa caracterizada como tal: irrenunciable e innegablemente unida a lo que ya pasó para entender lo que pasa.

La participación activa de las mujeres en sus reclamos no tiene su inicio el pasado año. Muchos coinciden en un origen formal allá por el siglo XVII. Me atrevo a decir que detrás de los nombres – léase también hombres si se quiere – que figuran en las páginas de los libros, existen cientos de mujeres que desde el origen de los tiempos se han sacrificado por sus luchas – más o menos bulliciosas – y han sembrado la trinchera para que hoy nos plantemos en este escalón. Derecho al sufragio, derechos laborales, igualdad. Miles de conquistas que están sólidas y otras que no tanto se entrelazan en el correr de los tiempos.

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Una manifestación popular siempre tiene algo que decir. Y decir no es algo de todos los días. Más aún cuando lo que se dice trae consigo aparejado una enorme carga significativa y cuando son derechos vulnerados los que se sitúan en el eje de lo que se discute. La marcha #NiUnaMenos de 2015 dio un nuevo puntapié, puso el foco en una determinada cuestión, estableció un tema en la agenda común. Alertó a la sociedad y la hizo atenta a las señales que emanan silenciosamente de estas situaciones conflictivas en las que las vidas femeninas son quebrantadas y anuladas son sus voces. Favoreció a que nuestros representantes ‘pongan el ojo’ sobre la cuestión y sobre la posibilidad de reparar, aunque acá hay que hacer el primer punto. Es innegable que desde el ámbito gubernamental se demanda una mirada estrictamente más global de la situación en la que no solo se quiera solucionar el hecho puntual e individual cuando éste ya está concretado. Precisamos políticas integrales en las que se aborde la problemática a partir de la acción sobre sus causales de base que actúan como el caldo de cultivo para esta escalada de violencia de género que sufrimos. Nacer y vivir en una sociedad ampliamente desigual donde los derechos son vulnerados imprime un ejemplo de lo que parece normal que pase: que unos estén arriba y otros abajo mereciéndose la marginalidad. Es una contradicción bastante marcada pretender resolver la violencia de género, que tiene su núcleo en la subordinación, si al mismo tiempo los gobiernos ejecutan planes que glorifican las desigualdades clasistas bajo la justificación de la falta de mérito de los sectores más postergados. Tenemos problemas ‘desde el vamos’ que nos indican que debemos ampliar nuestra visión de las problemáticas puntuales y exigirle a nuestros gobernantes que respondan por tales de la misma manera.

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Otros que también se revolucionaron con la temática fueron los medios y, especialmente, desde ese momento la difusión comenzó a ser mayor y el mensaje seguramente llegó a más casas. Acá está el segundo punto. Difundir no es lo mismo que informar y hay que ver cuál es el mensaje que se da. En materias tan complejas como la violencia de género donde se habla puntualmente de una situación que repercute enteramente sobre la vida de la mujer, el manejo y la calidad de la información son patrones fundamentales a tener en cuenta. El afán de rating de los programas que se emiten en los medios masivos de comunicación – que no son más que empresas – hace que temas de esta índole se traten porque están en la mira de toda la sociedad, pero muchas veces no con la formación necesaria para hacerlo. Se produce una extrapolación de las historias mediáticas – algunas de ellas con alto nivel de ficción – con la realidad de cientos de mujeres que diariamente viven el vapuleo de la violencia. Esto deriva en que caigamos en la encerrona trágica de la banalización de la temática que hace que reiteradamente terminemos discutiendo la superficialidad de un hecho particular o qué motivos derivaron en la intimidación, cuando la impronta que se le debería dar sería, al menos, aquella que permitiera llegar a las víctimas para apelarlas a buscar ayuda y promover sobre ellas conductas de revelación y alejamiento de los hombres violentos. Este será un tema sobre el que habrá que avanzar con el correr del tiempo. Requerirá un replanteo de parte del periodismo – el que mil veces tomó el papel de cosificador y al que también mil veces lo vimos defenestrar a mandatarias mujeres por el solo hecho de serlas – y será una conquista pendiente para la sociedad a través de una lucha dura. Como otras que todavía están ahí en el tintero.

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Este año una nueva marcha vuelve a unirnos bajo un nuevo lema: #VivasNosQueremos. Voy a desglosar. Dice el diccionario “Vivas: que tienen vida/Que continúan vigentes o que no han dejado de existir.” Nada más que acotar. Después, el nos. El nos está estrictamente ligado a la primera persona del plural que es nosotros. Nosotras en este caso. Una totalidad, una masa resistente de personas que están juntas por un fin determinado. Y por último queremos. Del verbo querer: ‘tener el deseo, la voluntad o la intención de hacer o lograr algo’. Termina con un ‘nos queremos’. Es imprescindible querernos vivas. Pero también, es necesario que simplemente nos queramos. Así como somos. En nuestros defectos y nuestras virtudes. En nuestra condición de mujeres. Libres e independientes. Revolucionarias y luchadoras. Querernos para plantarnos ante la justicia machista. Querernos como una forma de perpetuar a las que ya no están. Querernos para desterrar las conductas silenciosas y cómplices. Querernos como móvil para alejarnos de los hombres que aún pregonan las normas de esa sociedad patriarcal en la que relegan a las mujeres a un espacio de inferioridad y abusan de su superioridad física para disponer de nosotras a su antojo.
En el lema está todo eso que queremos decir. Solo en tres simples palabras. Entonces, vivas nos queremos.
Nos queremos.

Escrito Por: Paula Rossi

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